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Bienvenido a la primera edición de la newsletter mensual gratuita de este nuevo proyecto de análisis y comunidad del sector minero, Truth Below Ground.
Antes de entrar en harina, te queremos adelantar que el primer análisis que publicaremos la semana que viene será de Sigma Lithium. Un gran esfuerzo colectivo por parte de todo el equipo técnico para desentrañar los principales riesgos y oportunidades que presenta la compañía, en un mercado como el litio que ha sufrido de una extrema volatilidad en los últimos años. Estará disponible para todo el mundo, y creemos que es una excelente muestra de la capacidad de análisis y profundidad de Truth Below Ground.
Por otro lado, te invitamos a conocer más en nuestra página web donde ya puedes ver más información acerca de nuestra propuesta de valor, los planes que ofrecemos y el equipo que está detrás.
Pero ahora, vayamos a lo que nos ocupa aquí: en esta primera edición de la newsletter, que tendrá frecuencia mensual y donde analizaremos las principales claves del entorno macro, de materias primas y metales, queremos hacer una panorámica inicial para ponerte al día de lo que ha sido este año 2025, que, como seguramente ya sepas, ha sido fascinante para los inversores del sector.
Así que, sin más dilación, vamos allá.
Entorno macro
El año 2025 en los mercados financieros ha estado marcado por las palabras y acciones de la nueva administración Trump, particularmente en lo que se refiere a la política comercial, pero también en otros ámbitos que han condicionado el sentimiento inversor. Una montaña rusa es como se puede describir lo que hemos vivido: pasamos de temer un global margin call a principios de abril a tener la mayoría de índices bursátiles globales con ganancias muy notables.
Enero arrancó con un tono dominado por la revolución de la inteligencia artificial y la irrupción de DeepSeek, un hito que sacudió el tablero del sector a nivel global y generó dudas sobre el liderazgo tecnológico estadounidense frente a China. Muy pronto, sin embargo, el foco se trasladó a la política comercial proteccionista de Trump y a su impacto en la economía mundial, culminando en el denominado Día de la Liberación, que desencadenó un crash en los mercados.
La imposición de nuevos aranceles, y el objetivo de reconfigurar de forma abrupta el orden económico internacional por parte de la administración estadounidense, ha sido el gran tema del año. Uno de sus mayores efectos, si bien también tiene otras causas, ha sido la caída notable del dólar. Ésta ha sido una de las variables financieras más determinantes de 2025. En un contexto que algunos analistas describen como de creciente preocupación por la depreciación real de los activos (debasement), donde los principales factores que mueven las bolsas se mantienen sin grandes señales de alarma (más allá del debate sobre las altas valoraciones de EE. UU. y en particular lo relacionado con la tecnología e IA), el mercado de renta variable se ha mostrado muy fuerte.
En paralelo, la geopolítica como telón de fondo ha vuelto a añadir cierta incertidumbre, aunque sin generar directamente un gran impacto sobre los mercados, con los conflictos en Rusia/Ucrania y Oriente Medio en marcha. Al mismo tiempo, han crecido las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de EE. UU., un tema que ha estado presente en la agenda de los inversores internacionales a lo largo del ejercicio, aunque parece haber pasado a segundo plano. La credibilidad institucional estadounidense tampoco se ha visto beneficiada por los continuos ataques de Trump al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, cuestionando la independencia de la institución.
No obstante, las rentabilidades de los bonos a largo plazo (una variable importante a seguir, pues influye en otras muchas variables financieras a nivel global) se sitúan lejos de niveles máximos del año, apoyados por el nuevo ciclo de bajada de tipos de interés, en un contexto de una economía americana que se está desacelerando y una inflación que por el momento no ha vuelto a repuntar de forma considerable. Pero el banco central está en una difícil tesitura, atrapado entre el riesgo de no actuar en una economía que muestra signos de debilidad (no excesivamente preocupantes por el momento a nivel general) y el temor a que los aranceles u otros factores acaben generando un nuevo repunte de precios. Este es uno de los temas que están moviendo los mercados a corto plazo.
Un elemento adicional que no conviene perder de vista es el caso de Japón. La economía y su banco central están inmersos en una transición histórica tras décadas de crecimiento bajo y tipos ultra bajos, y sus movimientos podrían influir en las dinámicas de flujos de capital internacionales, añadiendo otra capa de complejidad al panorama global.
En conjunto, 2025 está siendo un año marcado por la incertidumbre sobre cuestiones estructurales de calado, con el foco puesto en Estados Unidos y un dólar debilitado que refleja tensiones en el plano económico-financiero. La combinación de política comercial agresiva, dudas fiscales y un escenario global más multipolar apuntan a una reconfiguración gradual del orden internacional que los inversores deben observar con atención.
>> Escucha los primeros episodios del arte de invertir en minería de ‘Charlando de Minas’
Metales y materias primas
¿Todos los caminos llevan al oro? Debasement trade y geopolítica
Los sectores de metales y materias primas son un espejo de este escenario que acabamos de describir, siendo el fortísimo ascenso de los precios del oro y la plata el principal elemento. Pero metales como el cobre o segmentos como las tierras raras (rare earths) y otros denominados “minerales críticos” también se han visto afectados por dinámicas vinculadas al entorno descrito en el apartado anterior. Vayamos por partes, que no debemos generalizar en exceso.
El oro, como metal monetario por excelencia, ha superado sus máximos históricos y acumula una revalorización alrededor del 60% en 2025 y del 135% en los últimos tres años (en dólares). Este avance puede interpretarse en parte como reacción a los factores macro ya mencionados, donde ha vuelto a aparecer la demanda de los inversores privados, que buscan refugio en un entorno de inflación persistentemente por encima del objetivo de los bancos centrales, depreciación del dólar, dudas sobre la sostenibilidad fiscal de EE. UU. y otros riesgos (ver gráfico inferior). Pero apunta también a algo más profundo: una creciente erosión de la confianza en los pilares tradicionales del sistema financiero internacional (el dólar y los bonos del Tesoro), en definitiva, en el dominio financiero de Estados Unidos. Desde la Guerra de Ucrania y el embargo de activos rusos en 2022, los bancos centrales, con protagonismo de China y de los países emergentes, han acelerado sus compras de oro para diversificar reservas y reducir su dependencia del dólar y del sistema financiero occidental. El oro se consolida así no solo como activo refugio, sino como un termómetro de un orden monetario global en transformación.
Flujos a ETFs de oro por region y el precio del oro (mensual)

La plata también ha experimentado un fuerte repunte, con especial virulencia en los últimos meses, que la ha llevado a doblarse en precio en 2025. En este caso, presenta una dinámica distinta por su mayor vinculación a la demanda industrial, lo que la hace más sensible al ciclo económico global, además de tendencias estructurales como la creciente inversión en energías renovables o electrónica. Sin embargo, tiende a seguir la estela del oro con ciertos matices, mostrando movimientos más explosivos y a menudo retardados, como está sucediendo.
Los metales del grupo del platino (PGMs) también han registrado una subida significativa. De hecho, el platino (línea verde gráfico superior) sube más que el oro en 2025. En este caso, el impulso procede tanto del lado de la demanda como de la oferta. Por un lado, crece su uso en aplicaciones industriales y en la automoción, y se afianza su papel en las tecnologías del hidrógeno y las pilas de combustible, a lo que se suma un renovado interés inversor en activos tangibles. Por el lado de la oferta, la elevada concentración en Sudáfrica, donde persisten problemas estructurales en el suministro eléctrico y laboral, y la reducción de flujos desde Rusia han limitado la disponibilidad de metal. El resultado es un déficit de mercado que ha añadido soporte adicional a sus precios, en un año marcado por la búsqueda de seguridad de suministro y turbulencias comerciales.
El cobre ha sido ejemplo de la elevada volatilidad generada por los aranceles, primero sufriendo el crash generalizado de los mercados a principios de abril (como termómetro de la economía global y el riesgo de que las medidas de Trump afectaran al crecimiento) y, luego, subiendo y bajando al calor de los anuncios de aranceles específicos al cobre (el 31 de julio se desplomó un ¡20%! en EE. UU. después de confirmarse que el metal quedaba excluido de las medidas). A pesar de estos vaivenes, el cobre mantiene unos sólidos fundamentales de demanda ligados a la transición energética, la electrificación y el despliegue de redes eléctricas y vehículos eléctricos, con China e India a la cabeza. Sin embargo, el sólido comportamiento del precio en 2025 ha venido protagonizado por el lado de la oferta, donde además de sufrir diversas disrupciones (como el accidente y temporal paralización de la mina de Freeport), el sector se enfrenta a un cúmulo de desafíos estructurales: retrasos en el desarrollo de nuevos proyectos, mayores exigencias regulatorias y sociales que ralentizan su aprobación, caída progresiva de las leyes de mineral y un incremento sostenido de los costes de producción.
Nota: La línea amarilla representa los futuros de cobre negociados en EE. UU. (COMEX), mientras que la línea azul corresponde al contrato equivalente en la London Metal Exchange (LME). Se muestran ambos porque la diferencia entre ambos mercados ha sido especialmente relevante este año, reflejando la volatilidad adicional generada por los aranceles de EE. UU.
En el litio, el mercado ha seguido absorbiendo el exceso de oferta generado por el boom de precios de hace unos años. En la actualidad, el precio lleva meses intentando encontrar un suelo estable. Las restricciones selectivas de oferta aplicadas en China y la expectativa de un crecimiento sólido de la demanda siguen ofreciendo soporte, aunque el mercado continúa mostrando una sensibilidad notable a cualquier cambio en inventarios o previsiones de producción. Todo ello en un contexto en el que China juega un papel clave (lo que añade cierta complejidad y opacidad) y donde ha irrumpido el gobierno estadounidense anunciando su participación directa en el capital de Lithium Americas, subrayando la importancia estratégica del litio. [El informe de la semana que viene sobre Sigma Lithium entrará más en profundidad sobre este mercado]
Dentro de los llamados minerales críticos, las tierras raras (rare earths) se han situado en el centro del conflicto comercial entre Estados Unidos y China, dado el dominio que ejerce el gigante asiático en su producción y, especialmente, su procesado. En otras palabras, la fuerte dependencia estadounidense y occidental de las importaciones chinas ha impulsado el auge del denominado “nacionalismo de los recursos”, tras haberse hecho evidente que esta dependencia constituye una vulnerabilidad estratégica de primer orden. La cuestión va más allá de lo económico, debido al papel que las tierras raras tienen en el sector de defensa, por sus aplicaciones militares. En este contexto, Washington ha reforzado su política de apoyo a la minería nacional, con el acuerdo con MP Materials como ejemplo más representativo: un compromiso de inversión de 500 millones de dólares y la garantía de un precio de compra para el NdPr —una aleación de neodimio y praseodimio, esencial en la fabricación de imanes permanentes para motores eléctricos, turbinas eólicas y aplicaciones electrónicas que también tienen su uso en la industria militar— a un nivel aproximadamente el doble del precio de mercado en el momento del anuncio. La administración ha adelantado, además, que este será solo el primero de varios proyectos destinados a garantizar el suministro de tierras raras y reducir la dependencia de China.
En este entorno, los precios del sector han rebotado desde niveles bajos de los últimos años, como ilustra el caso del neodimio, pero la intervención del gobierno con precios mínimos muy por encima del mercado (caso de MP) o la existencia de diferentes precios según la fuente de procedencia, dificultan la lectura de los precios.
Fuente: Trading Economics
El uranio, por su parte, podría estar entrando en una nueva fase alcista, particularmente en lo que se refiere a su precio referencia de los contratos a largo plazo (ver gráfico inferior), en un contexto de déficit de oferta estructural. Las expectativas de demanda se han revisado al alza gracias al giro radical que ha experimentado esta tecnología en los últimos años, reflejado en planes de construcción de nuevas centrales, la extensión de la vida útil de plantas existentes y el avance de soluciones como los reactores modulares pequeños (SMRs). Todo ello en un contexto en el que el desarrollo de la inteligencia artificial va a requerir de una cantidad ingente de electricidad 24/7. La oferta, sin embargo, continúa rezagada: los principales productores como Cameco o Kazatomprom, o bien no consideran que los precios actuales sean lo suficientemente atractivos para llevar la producción a su máxima capacidad y/o acometer nuevas inversiones para incrementar su capacidad. Mientras tanto, proyectos más pequeños han encontrado dificultades en sus intentos de reactivar operaciones o sufren de una elevada incertidumbre política (caso de Níger). Paralelamente, Estados Unidos ha reforzado su apuesta nuclear a nivel de “emergencia nacional” (con el partnership con Westinghouse, copropiedad de Brookfield y Cameco, como paso más relevante), atisbando además a medidas significativas como la creación de una reserva estratégica de uranio entre otras acciones, en línea con su objetivo de garantizar la seguridad energética a través del ciclo de combustible nuclear.
Fuente: Cameco
Con este dibujo general, no sorprende que el sector de la minería en su conjunto se haya comportado bastante bien (representado por el ETF XME que sube más del 70% en 2025), destacando a las mineras de oro y plata, pero también al sector de rare earths donde la volatilidad ha sido extrema. Habría mucho que hablar de ello, pero no queremos extendernos más en esta primera edición, cuyo objetivo principal era ofrecer una visión de conjunto sobre los grandes temas que han marcado este 2025 en cuanto a metales y materias primas.
Recursos adicionales
Gráfico destacado
Este gráfico de Topdown Charts muestra dos indicadores complementarios que permiten medir el peso que los inversores están asignando a las mineras de oro dentro de sus carteras. La línea negra representa el ratio GDX:SPY, es decir, el comportamiento relativo de las mineras de oro (medido a través del ETF GDX) frente al S&P 500. La línea roja refleja la asignación implícita a las mineras de oro, medido como la cuota de mercado de los ETF de éstas frente al conjunto de los ETFs de renta variable en EE. UU.
La conclusión que sugiere el gráfico es relevante: a pesar del rally que han registrado las mineras de oro en 2025, el posicionamiento de los inversores sigue siendo históricamente bajo. Tanto el ratio GDX:SPY como la asignación implícita se encuentran muy por debajo de los niveles de otros ciclos alcistas del sector (2009–2011, 2016), lo que indica que el flujo de capital hacia estas compañías sigue siendo limitado.
En otras palabras, si el ciclo alcista del oro se mantiene, todavía podría quedar recorrido en el re-rating de las mineras, simplemente por normalización del sentimiento y posicionamiento inversor ante la mejora tan significativa de sus fundamentales. Dicho de otro modo: el mercado ha empezado a moverse, pero los inversores aún no han entrado de forma agresiva. Ahora bien, es indudable que las valoraciones del sector ya no están tan bajas como hace un año.
Recomendación
Esta entrevista con Paulo Macro, analista macro muy seguido y con más de 20 años de experiencia especializado en materias primas, ofrece una visión muy interesante del momento actual. Paulo señala que es un momento fascinante para estar en los sectores de materias primas, pero advierte que puede no ser un ciclo para inversores pasivos: exige ser activo, selectivo y dedicar muchas horas de estudio. ¿La razón? En su opinión, porque a diferencia del superciclo de los años 2000, hoy el motor no es tanto un boom de demanda generalizada (si bien tampoco se puede descartar), sino la escasez de oferta, lo que puede provocar largos periodos de calma seguidos de movimientos muy bruscos.
Paulo Macro pone el foco en algunos sectores en concreto donde tiene buenas perspectivas: en el cobre, destaca que a día de hoy todo gira en torno a la oferta: pipeline de proyectos insuficientes y disrupciones recientes como la de Grasberg, son un caldo de cultivo ideal para un aumento del M&A y para que las mineras junior sean las grandes beneficiadas. En uranio, subraya la posibilidad real de que el gobierno estadounidense implemente una reserva estratégica con impacto inmediato sobre los precios. Y en petróleo, deja un mensaje claro: 2026 podría ser para el crudo lo que 2025 ha sido para el oro, con demanda de países emergentes acelerándose y una oferta aún limitada por años de falta de inversión.
Y aquí concluye la primera edición de la newsletter mensual de Truth Below Ground. Esperamos que te haya gustado y te haya servido para hacerte una composición de lugar acerca de las principales dinámicas y factores que están afectando a los distintos sectores que más nos interesan.
Conoce más acerca de este proyecto que acabamos de comenzar.
En unos días empieza, de verdad, esta aventura con nuestro primer informe.
¡Hasta la próxima!










